Qué es la incompetencia istmico-cervical y cómo puede prevenirse con una intervención quirúrgica específica
Algunas mujeres experimentan pérdidas gestacionales durante el segundo trimestre sin ningún síntoma previo. Se trata de embarazos que avanzaban normalmente hasta que, de forma repentina, el cuello del útero comienza a abrirse espontáneamente, sin contracciones ni señales de parto. Esta condición se conoce como incompetencia istmico-cervical, y puede derivar en interrupciones gestacionales repetidas.
Frente a este diagnóstico, el cerclaje cervical surge como una herramienta concreta para reducir el riesgo de nuevas pérdidas. Se trata de una técnica quirúrgica preventiva que permite reforzar el cuello del útero y sostener el embarazo durante más tiempo.
¿Qué es el cerclaje cervical?
El cerclaje consiste en colocar una sutura alrededor del cuello del útero con el objetivo de mantenerlo cerrado durante la gestación. Funciona como un cinturón de contención que aporta soporte mecánico a la estructura cervical. Se realiza habitualmente por vía vaginal, pero en algunos casos se indica la vía abdominal, especialmente cuando han fallado procedimientos previos o existe un cuadro clínico más complejo.
“La sutura funciona como un cinturón que sostiene el cuello del útero, aportando mayor soporte mecánico en embarazos con riesgo de pérdida por dilatación espontánea”, explica la Dra. Agustina Larrea, ginecóloga y especialista en cirugía mínimamente invasiva.
El cerclaje abdominal se coloca en una posición más alta del cuello y no se retira al finalizar el embarazo. Por ese motivo, los partos posteriores deben realizarse por cesárea para conservar la sutura y permitir que continúe funcionando en futuras gestaciones.
¿Cuándo se indica esta intervención?
El cerclaje se recomienda principalmente en mujeres con antecedentes de pérdidas gestacionales en el segundo trimestre relacionadas con incompetencia cervical. También puede indicarse en pacientes con antecedentes de parto prematuro o cuando se detecta, mediante controles ecográficos, un acortamiento significativo del cuello uterino en etapas tempranas del embarazo.
En algunos casos, se combina esta técnica con la administración de progesterona intramuscular para optimizar el soporte cervical.
Aunque no garantiza que el embarazo llegue a término, el cerclaje cervical puede mejorar significativamente las probabilidades de continuar con una gestación avanzada. Su indicación oportuna y el seguimiento adecuado permiten modificar el curso clínico en embarazos de alto riesgo, especialmente en pacientes que han atravesado pérdidas reiteradas sin causa aparente.
Conclusión
El cerclaje cervical representa una intervención concreta para abordar la incompetencia istmico-cervical en mujeres que han vivido pérdidas gestacionales en el segundo trimestre. Si bien no ofrece garantías absolutas, puede marcar una diferencia significativa en la evolución del embarazo. Consultar con un especialista es clave para acceder a esta opción y diseñar una estrategia personalizada de cuidado gestacional.




