La fiebre es uno de los motivos de consulta más frecuentes durante la infancia y, al mismo tiempo, una de las situaciones que más preocupación genera en madres y padres. Sin embargo, es importante saber que la fiebre no es una enfermedad en sí misma, sino una respuesta natural del organismo.
La fiebre es un mecanismo de defensa que pone en marcha nuestro cuerpo cuando detecta la presencia de virus o bacterias. A través del aumento de la temperatura corporal, el organismo crea un ambiente menos favorable para los microorganismos y activa diferentes respuestas inmunológicas para combatir la infección.
¿Pero cuándo podemos decir que un niño tiene fiebre? Se considera fiebre cuando la temperatura corporal es igual o superior a 38 °C.
Cuando aparece fiebre en un bebé o en un niño pequeño, lo primero es mantener la calma. En la mayoría de los casos, la fiebre forma parte de procesos infecciosos comunes que evolucionan favorablemente con los cuidados adecuados.
Uno de los aspectos más importantes es brindar confort. Es recomendable ubicar al niño en un ambiente fresco y bien ventilado, evitar el exceso de abrigo y ofrecer líquidos con frecuencia para prevenir la deshidratación.
También pueden utilizarse compresas frescas en zonas como la frente, las axilas y la ingle para ayudar a disminuir la temperatura corporal y mejorar el bienestar del niño.
Además de estas medidas físicas, existen medicamentos que ayudan a controlar la fiebre y aliviar el malestar. La elección del antitérmico dependerá de la edad del niño y siempre debe realizarse siguiendo las indicaciones del pediatra.
Según explica la especialista, en bebés menores de 6 meses suele utilizarse paracetamol, mientras que en mayores de 6 meses pueden indicarse medicamentos como ibuprofeno, siempre bajo supervisión médica.
Más allá de la temperatura registrada, es importante observar el estado general del niño. Cómo se comporta, si acepta líquidos, si responde normalmente o si presenta otros síntomas son aspectos fundamentales para evaluar la situación.
Existe una situación particular que requiere atención inmediata: los bebés menores de 3 meses con fiebre. En estos casos, siempre se recomienda concurrir a una guardia para que sean evaluados por un profesional de la salud.
La consulta médica permitirá determinar el origen de la fiebre y definir si son necesarios estudios complementarios o algún tratamiento específico.
Contar con información clara ayuda a enfrentar estos momentos con más tranquilidad. Saber que la fiebre es una herramienta de defensa del organismo y conocer las medidas básicas de cuidado permite acompañar mejor a nuestros hijos cuando se sienten mal.
Conclusión
La fiebre es una respuesta normal del cuerpo frente a infecciones y, en la mayoría de los casos, no representa una emergencia. Lo más importante es brindar confort, mantener una buena hidratación y observar el estado general del niño.
Sin embargo, en bebés menores de 3 meses o cuando existan dudas sobre la evolución, la consulta médica es fundamental.
Como siempre, ante cualquier inquietud, el pediatra de confianza será la mejor guía para acompañar cada etapa del crecimiento y la salud de nuestros hijos.

